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El Pujllay, el espíritu de la Chaya

Un muñeco de trapo preside cada febrero la Chaya riojana. Nace al comenzar la fiesta y muere cuando termina: es el Pujllay.

Quién es el Pujllay

El Pujllay es la figura que preside la Chaya y personifica el carnaval. Muchas fuentes lo presentan como una deidad de origen diaguita, y durante la fiesta todo ocurre "bajo su reinado".

Se lo representa con un muñeco de tamaño natural, hecho de trapo o de paja, con ropa vieja y, muchas veces, un sombrero de ala ancha. Tiene un aire desarticulado y andrajoso, y no hay dos iguales: lo arman los vecinos de cada barrio o pueblo que lo celebra.

Lo que representa es, sobre todo, la alegría, el juego y la diversión del carnaval. Hay un testimonio de la década de 1970 que lo describe como un diablo al que había que alejar con harina y albahaca, pero es una versión aislada; la tradición más difundida lo asocia con la fiesta y el disfrute.

La leyenda de Chaya y Pujllay

La historia que más se cuenta, con variantes según quién la relate, es una historia de amor no correspondido.

Chaya era una joven que se enamoró de Pujllay, un muchacho que no le correspondió. Desconsolada, se fue a la montaña, y allí la luna la convirtió en nube. Desde entonces vuelve cada febrero en forma de lluvia o de rocío.

Pujllay, arrepentido, salió a buscarla y nunca la encontró. Según algunas versiones, murió de pena; según otras, se emborrachó y murió quemado en el fogón de la fiesta. Por eso, dicen, cada carnaval se lo vuelve a buscar, y durante la fiesta los jóvenes "se vuelven Pujllay" y las jóvenes "Chaya".

Las versiones cambian en los detalles: algunas suman personajes como Mama Quilla, la luna; otras sitúan el relato en pueblos concretos del departamento Arauco. El núcleo, en cambio, se repite: el agua que vuelve cada febrero y el muchacho que la busca.

El desentierro: así empieza la fiesta

La Chaya tradicional sigue una secuencia: se abre con el desentierro o "nacimiento" del Pujllay, siguen los días de topamientos y coronaciones, y se cierra con su entierro o quema. Así lo resumen los trabajos sobre la Chaya citados por la Cámara de Diputados de la Nación, que retoman registros como los del antropólogo Julián Cáceres Freyre (1966).

El desentierro no tiene una sede única: lo hace cada barrio, cada familia o cada comunidad que arma su Chaya. A partir de ese momento empieza el tiempo del juego, del canto y del topamiento.

El entierro o la quema: el final

Cuando termina el carnaval, el Pujllay muere. Antiguamente se lo enterraba; hoy, en muchos lugares, se lo quema. Según cuentan en la provincia, en la ciudad de La Rioja lo habitual es quemarlo, mientras que en Chilecito se lo entierra.

La despedida tiene su teatro: en pueblos de San Blas de los Sauces, los vecinos rodean el muñeco, lo prenden fuego y fingen llorarlo. El último día de fiesta se conoce como "domingo de Pujllay", aunque su lugar en el calendario varía: para algunos es el domingo siguiente al Miércoles de Ceniza, para otros el último domingo de febrero.

¿Hasta cuándo dura la Chaya?Depende del lugar: el calendario de la temporada está atado al carnaval. Lo explicamos en Cuándo es la temporada de Chaya.

Qué significa "Pujllay"

Todas las fuentes coinciden en el sentido: "Pujllay" significa jugar, bromear o alegrarse. En lo que no coinciden es en la lengua de origen. La explicación más difundida lo vincula con el quechua pukllay, que también nombra al carnaval en otras regiones andinas; otras fuentes riojanas lo atribuyen a la lengua kakana, la de los pueblos diaguitas.

El Pujllay y el Chiqui

Varios autores vinculan el origen de la Chaya con el Chiqui, un antiguo rito diaguita dedicado a una deidad asociada con lo adverso que, según el Ateneo de Arauco, fue prohibido hacia 1859. Es una hipótesis de estudiosos, no un hecho comprobado, pero ayuda a entender por qué la fiesta mezcla celebración, ofrenda y despedida.

Fuentes consultadas

Revisado el sábado 17 de octubre de 2026. Si encontrás un dato incorrecto, avisanos.

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